jueves, 1 de marzo de 2007

De botelleo en el Ruíz de Lopera

El partido de vuelta de cuartos de final de la Copa del Rey, entre el Betis y el Sevilla, estuvo marcado por la polémica entre dirigentes. Lejos de dar ejemplo a la influenciable hinchada, las cúpulas directivas se enzarzaron en un duro cruce de declaraciones que tuvo como origen, la estupida discrepancia protocolaria sobre unos asientos de palco.

Fuera de tiesto ya los asuntos deportivos, el partido fue declarado de alto riesgo, teniendo que intervenir la delegación del gobierno sevillana, así como la junta de Andalucía. El dispositivo de seguridad nada envidiaba a los desplegados en el último mundial de Alemania. Caballos y tanquetas tomaron las calles haciendo uso de la fuerza, provocando que, si no vieramos de fondo el Guadalquivir, podríamos extrapolarnos a cualquier ciudad de Irak.

Pasado un cuarto de hora del segundo tiempo, un cretino indescriptible arroja una botella que impacta de lleno en la cabeza de Juande Ramos, entrenador sevillista. Las especulaciones se siguen unas tras otras, que si llevaba hielo, que si está fingiendo... Juande Ramos inconsciente es desalojado en una ambulancia, e ingresado en la UVI con pérdida del conocimiento.

Somos muy capaces de mirar con lupa éste tipo de casos en Italia o Argentina, por ejemplo. Pero el fútbol no es esto, por lo menos como yo lo entiendo, así que, invitemos a nuestros dirigentes a mirar de vez en cuando su ombligo y tratar de evitar que vuelva a suceder algo así. Desde mi mirada, un animal es irracional, pero un presidente de entidad deportiva con esta actitud es el único responsable de éste acontecimiento.

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